Toque maestro. El arquitecto Antonio Farré expresa su visión de la arquitectura desde sus inicios hasta la actualidad.

Una trayectoria de más de cuatro décadas que hoy se traducen en obras maravillosas de profunda calidad. Convicción, pasión y compromiso definen la trayectoria y la visión de Antonio Farré. Haber crecido en una familia de talentosos arquitectos y diseñadores le permitió un acercamiento y un entendimiento de la profesión desde niño. Experiencias y vivencias de su abuelo y de su padre marcaron su vida, así como sus propios aprendizajes. Farré busca la perfección en la simplificación del todo y la atención hasta en el más mínimo detalle. La reducción a lo esencial, siempre con respeto por la funcionalidad de cada uno de los espacios. Cada obra se convierte en la mejor versión de sí mismo y de su despacho, presentan en sí una trayectoria de prueba y error de principio a fin con el arquitecto a la cabeza de todo. Antonio Farré nos traduce su visión y nos explica la esencia que impregna en cada una de sus obras.

“Los detalles son lo que dan la calidad de altura y también de hechura”. – Antonio Farré

¿En que momento decidiste dedicarte a la arquitectura?

Tuve la fortuna de crecer en una familia de arquitectos y decoradores, entonces era algo de todos los días. Se me hizo natural y, la verdad, se me dio. A mis los fines de semana me encantaba ir con un tío diseñador o mi papá arquitecto a la oficina o a las obras. Yo no era de ir al futbol ni nada, era “yo quiero ir a la obra y estar ahí”. Así entendí muchas cosas. También tuve la fortuna de conocer a grandes arquitectos como Juan Sordo. Mi abuelo por otro lado era ebanista y le hacia los muebles a Luis Barragán, de ahí viene el tema. Tuve la fortuna que desde muy chico supe que me quería dedicar a esto, se me hizo natural, sin darme cuenta yo ya trabajaba, mi primera casa la hice a los diecinueve años sin ser arquitecto.

La obra de Farré es esencia mexicana, estilo personal y la capacidad de lograr un equilibrio entre la funcionalidad y el volumen.

¿Crees que desde entonces tu estilo ha cambiado?

¡Por supuesto he cambiado! Creo que mi cliente más fuerte de todos soy yo, ¡Sin duda! Creo que un arquitecto realmente empieza a los 50. Es cuando ya probaste de todo, viste que funciona con qué te sientes bien, qué te exiges. Ya que tienes eso bien claro, empiezas a tener la sensibilidad. Yo estaba muy orgulloso de las cosas que hacía a los 20, a los 30 y a los 40, pero es a los 50 donde todo empieza. Siempre hay una evolución y la tengo clara. Busco que mi siguiente proyecto sea más fuerte en el tema de diseño, y de todo, porque hoy estás y mañana no. Así, ya que tienes todas las cartas sobre la mesa, sobre qué te funciona, lo que no, ves arquitectos y analizas por donde va y por donde no, esto lo veo bien o esto otro es exageración. Con el tiempo te transformas entre lo que eres y un collage de lo que vives, de tus viajes, eso es lo que te arma. Actualmente trato de hacer con menos cosas, más. Siempre pongo muchos pasillos porque me gusta recorrerlos. Mi padre, que viene de la escuela funcionalista, es totalmente todo lo contrario, lo que no sirve ¡para afuera! Yo hasta escondo el baño de visitas lo más lejos posible para que toda la gente recorra más lugares. En fin, así puedo decir que sin duda los arquitectos que a sus 30 años son buenos a los 50 van a ser excelentes. Esa es la realidad desde mi punto de vista.

¿Quiénes han sido tus maestros? ¿Qué personalidades han tenido cierta influencia en ti?

Mi padre, sin duda en el tema de la ética profesional. Hicimos una casa juntos y entendí muchas cosas por esa experiencia. Después, mi familia y en especial un tío tenía una tienda de muebles que se llamaba ‘Muebles Farré’. Con ella sacaron un mueble que es curiosamente de la línea que diseñaron con Luis Barragán y de ahí nació todo. Tuve la oportunidad de continuar, pero me aburría la idea de seguir con el mismo mueble y repetirlo un millón de veces, a mí me llamaba la atención la arquitectura. Lo padre de una casa es que cada proyecto es un tema nuevo, es una aventura, es un viaje. Así que la tienda terminó por cerrar. Hoy tengo la gran fortuna de trabajar en un nicho en el que se me permiten mis ideas por más complicadas que parezcan. Hablo de expandir mi visión y mi creatividad. Es decir, si quiero poner una celosía o tal y tal, no hay un impedimento para poder hacerlo, entonces el compromiso es todavía mayor. Tengo proyectos de casas enormes y el objetivo es lograr que no sean frías, que cada rincón se diseñe, pero por medio de la sencillez, es un reto constante. Afortunadamente tengo esa gran suerte de poder hacer ese tipo de casas. También, pasa la vida y te encuentras con gente maravillosa, como Javier Marín, Benjamín Romano, Rafael Cauduro, y gente tan brava que al final te regalan muchos consejos, que habrán de marcarte de por vida.

¿En qué momento consideras que se encuentra la arquitectura en México?

La arquitectura mexicana afortunadamente es muy buena, yo veo a las generaciones más jóvenes y traen mucha galleta. Me preocupa que sean tan globalizados, porque con tanta información se pierden muchas otras cosas, y creo que no puedes perder la esencia nunca.

“Todo arte debe tener una respuesta de regreso”. – Antonio Farré

¿Cuál dirías que es tu obra maestra?

¡La que sigue! La que me caiga, la que sea, ese es mi reto, sin duda. Mi reto no es decir “¡Yo hice eso!” No. Yo tengo que hacer esto, arquitectura. No importa el tamaño, es más, en el despacho hacemos casas grandes generalmente, pero, por ejemplo, ahorita estamos en proceso de hacer una en San Ángel en un terreno de 200 metros cuadrados. Es un reto buscar cómo acomodar y diseñar para que sea increíble y ¡sacar el punch! Por eso siempre es la última, y el que sigue y el que sigue. El día que deje de hacer eso, ya no quiero trabajar más.

¿Cuál me dirías que es la característica que representa tu trabajo?

Fuerza. Cariño. Compromiso. Pero, sobre todo, fuerza. No lo negocio ni conmigo, ni con el cliente, ni con el futuro, ni el dinero. Odio los proyectos que “son” y ya, no puedo. ¡No lo haría! Y la gente me tiene miedo en ese sentido, pero aquí no venimos a hacer tonterías, es duro, ¡VA! Mis proyectos al final tienen fuerza, ganas, tienen galleta, compromiso. Odio la arquitectura tibia y hay muchísima.

 “Cada día regreso en la noche a la mesa de trabajo y cada día mi compromiso es “qué le puedo quitar” una y otra vez sin que se pierda la esencia y la funcionalidad”. – Antonio Farré

¿Qué es lo que más te ha inspirado en la vida?

Yo. Porque me he metido en un tema de jugar ajedrez interno, de que, insisto, por todas las cosas, todo mundo te da colores en ese cuadro que vas pintando. Tu obligación es ver una nueva obra, pararte enfrente y decir ¡Wow!

Yo me acuerdo cuando en 1977 tuve la oportunidad de ir a la inauguración de una obra de Teodoro González de León, y lo conocí. Aún con mis 10 años de edad, yo sabía que iba a ser arquitecto. Me acuerdo que lo vi, y comenzó el trabajo mental de traducir su obra y lo que expresaba. Hay arquitectos que te marcan, y González de León fue uno de ellos. Siempre tienes que estar en una constante exploración y no conformarte jamás.

“El proceso es increíble, llegar a la obra desde cero y escuchar que es lo que te dice para así solucionar. Cada proyecto da más y más”. – Antonio Farré

Por Yarin Miranda Robles

Retrato José Alberto Margaleff

Fotos Aldo C. Gracia

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