Loco Hierofante

Hay objetos que se beben, pero hay otros que se contemplan antes de tocar los labios. Loco Hierofante es ambos. Un tequila de autor que no busca el mercado, sino el alma de quien se atreva a mirar dentro. Una edición doble, Luminis y Umbra, que no se lanza: se revela. Porque no se trata de una botella, sino de una experiencia tallada en vidrio, metal y tiempo. La palabra “hierofante” remite al antiguo guía de misterios sagrados. Y es precisamente ese el gesto de esta pieza: convocar una experiencia iniciática. Diseñado para un público iniciado y exclusivo, Hierofante no se explica, se intuye.

Cada sorbo es un acto de comunión con lo invisible, un ritual de belleza silenciosa.”El tequila para mí es un universo que representa tradición, mexicanidad. Representa mucha historia, representa un arraigo cultural, representa mucho amor a un productoque nace de la tierra y que se ofrece a quien lo quiera tomar como un sabor auténtico a este país, México”, dice el maestro tequilero y CEO de Loco Tequila, Alberto Navarro, cuya alquimia ha dado vida a este destilado maravilloso. Navarro no produce un tequila más, sino un espíritu contenido. Su mirada combina ciencia, sensibilidad y terroir. Y en Loco Hierofante, el terruño cobra voz: el agave vibra, canta, arde. Es historia destilada con manos que conocen los ritmos del fuego y la paciencia. “Loco Hierofante es una obra de arte líquida. Una forma de compartir lo intangible, lo que sentimos y no podemos nombrar”, dice también Navarro.

Jan Hendrix, el artista neerlandés-mexicano, esculpe el Crisol y el Diafán: dos decantadores inspirados en las nervaduras de las hojas. Luminis refleja la luz; Umbra la absorbe. Ambos graban en vidrio la esencia dual del universo. El primero es claridad, presencia, vitalidad. El segundo es profundidad, misterio, silencio. Las ediciones están limitadas a 25 piezas por versión. Cada una viene numerada, firmada y acompañada de un cinturón de piel diseñado para transportar la escultura, con toques rojos para Luminis y plateados para Umbra. El tapón y la base, obras del orfebre Iker Ortiz, cierran el ciclo: joyería funcional que une lo concreto con lo simbólico

Todo en Loco Hierofante está hecho para durar. Y para renacer. Gracias al “Ritual de la Eternidad”, los poseedores pueden recargar su decantador en una ceremonia exclusiva. Así, el tequila vuelve a fluir, como si el tiempo se rindiera ante la devoción de quienes saben beber despacio. Luminis y Umbra son arquetipos. Luminis celebra la materia iluminada, el origen, lo tangible. Umbra rinde culto a lo que se evapora, lo que se siente sin verse. Como si la sombra no fuera ausencia, sino profundidad. Loco Hierofante redefine lo que puede ser el tequila. Lo eleva. Lo ritualiza. Lo convierte en arte. Es un testimonio de un México que respira profundo, que no olvida sus raíces y que crea desde el corazón de su tierra.

Por David Solís