Un hermoso edifico con fachada de cantera rosa y detalles arquitectónicos de los años veinte aloja este sofisticado hotel con aires contemporáneos.

Apenas un asomo de luz lleva hasta el lobby del edificio de cantera rosa en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México que huele a jazmín o a flores de té blanco. Los ruidos desaparecen, el caos termina, un silencio absoluto y una gran paz invaden los sentidos; y, así entre penumbras, se vislumbra una escalera imperial de caracol que lleva a un entorno de relajación y delicadeza. Esa es la entrada al Umbral, Curio Collection by Hilton, un hotel boutique de 59 habitaciones alojado en un edificio original de los años veinte.


Haciendo un poco de historia, el icónico Edificio España ubicado en la calle Venustiano Carranza, vivió grandes glorias por varias décadas pues albergaba los despachos de los contadores y abogados más importantes de la época. Sin embargo, con el tiempo el inmueble cayó en el total abandono, aunque preservó su historia y un rico esquema arquitectónico que fue recuperado en 2017, cuando la cadena Hilton decidió iniciar su transformación para convertirlo en un hotel de colección.


Con el encargo de mantener la esencia del edificio y aprovechar su cercanía al Zócalo capitalino y a las calles más hermosas de nuestra ciudad, el equipo del arquitecto Javier Sánchez respetó la estructura del lugar y le devolvió el aspecto glorioso que lucía en 1924 cuando fue construido; de la mano de Origen, la empresa dedicada al rescate de edificios históricos, lograron una curaduría basada en experiencias sensoriales. Y, para refrendar el estilo original, se unió también al despacho NOMAH quienes crearon un diseño de interiores y de mobiliario producido por Electron14, de acuerdo con el carácter e historia del hotel.


El color negro y el de las maderas oscuras se rompe con una celosía dorada que le da luz y profundidad a la entrada, que lleva a un espacio mucho más iluminado, amplio y de seis metros de alturao, que alberga una galería abierta al público, una biblioteca y exposición de vinilos de La Roma Records y un salón para juntas que se transforma en cinema.


Lo interesante es que esa penumbra del lobby se replica en cada área del recinto, especialmete en las habitaciones que cuentan con un umbral o espacio de transición casi escenográfico con juegos de luz dirigida que va guiando al huésped hacia el oasis donde pasará sus próximos días. El interior de las suites es íntimo, pulcro y posee una curaduría especial de vinilos y muebles en tonos de madera natural con el concepto de funcionalismo de los años veinte. El mobiliario fijo como roperos, escritorios, mesas y muebles de baño fueron creados también como piezas únicas para el hotel. La madera, los muros grises, el piso blanco, la luz indirecta y el concepto en general le dan un guiño al pasado; mientras que la tecnología aplicada al diseño convierten el inmueble en un sitio reconfortante y misterioso.


El mismo mood se repite en el gimnasio con un spa y wellness bar llenos de detalles que brindan confort y armonía. E incluso se vive la experiencia de serenidad y desenfado en los espacios abiertos como la terraza con vista al Centro Histórico, el restaurante Terraza Umbral y la barra que ofrece coctelería original del bar Limantour,

Por Norma Rodríguez Olivares.
Fotografías Rafael Gamo.
Arquitectura: JSª / Javier Sánchez.
Diseño de interiores y mobiliario: NOMAH / Laura Natividad, Dania Gutiérrez.

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