Para Valeria Torres, pintar no comenzó como una decisión, sino como algo natural. Desde niña encontraba cualquier superficie para dibujar: paredes, servilletas y hojas se convertían en espacios para experimentar con líneas y colores. También creció siguiendo el ejemplo de su papá, quien siempre tuvo una relación cercana con el dibujo.
Hoy, después de toda una vida pintando y de aproximadamente diez años de hacerlo de manera más constante y formal, el arte se ha convertido en una forma de expresar aquello que muchas veces resulta difícil poner en palabras. El color ocupa un lugar central en su proceso creativo. La emoción de combinarlo, encontrar contrastes y construir una composición estética es parte de lo que la inspira.


Sus obras también nacen de experiencias personales. Valeria utiliza la pintura para plasmar emociones, frustraciones y vivencias relacionadas con la depresión y la ansiedad. Crear se convierte así en una manera de desahogarse, pero también de encontrar significado en momentos complicados y transformar aquello que duele en algo que permanece.

Esta dimensión personal convive con una mirada hacia el entorno. Algunas de sus piezas reflejan preocupaciones, pensamientos e incluso indignación frente a determinados aspectos de la sociedad. Para ella, el arte puede ser una forma de procesar lo que sucede y darle un nuevo sentido.
Además de expresarse, Valeria espera que sus obras puedan acompañar a quienes atraviesan experiencias similares. En una sociedad donde la salud mental todavía enfrenta estigmas y silencios, compartir estas emociones puede ayudar a que alguien más se sienta menos solo.

Su práctica combina principalmente acrílico sobre bastidor o madera, además de tinta, acuarela y acrílico sobre papel. Entre pinceles, agua, madera y papel, encuentra también momentos de concentración y calma: espacios donde pintar es, sencillamente, una manera de estar presente.
Por Fernanda Solís
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