Entre el Océano Pacífico y la cordillera oaxaqueña, a solo 70 metros de la costa de Puerto Escondido se construyó una casa de vacaciones para dos familias cuya arquitectura y diseño se funden a la perfección en el entorno.

Casa Cova está conformada por dos compuestos diferentes de habitaciones que se conectan a través de las áreas recreativas comunes: un área social central de grandes dimensiones y dos brazos paralelos ubicados al costado del terreno que contienen las suites privadas. Las habitaciones principales, los planos entrelazados y sus techos altos evocan las alturas alternas de las cámaras masivas de las ruinas arqueológicas de Mitla, yuxtapuestas con los pasajes privados más pequeños que se encuentran comúnmente en la arquitectura regional precolonial.

El volumen central a gran escala marca el acceso a la casa por dos entradas principales laterales que pasan a través de una pared y celosía, que ayuda a ventilar los espacios comunes y crea un patrón de luz dinámico a lo largo del día y la noche. Este espacio público de techo alto está coronado por una palapa de 30 metros de largo, resultado de una técnica de cobertura regional hecha con hojas secas de palmera, que enfría las temperaturas tropicales hasta alrededor de 23°C., proporcionando sombra y espacio para que el calor salga a través de la parte superior de la estructura. Aquí se ubican una sala de estar, un área de comedor y un bar.

La ingeniería estructural que corrió a cargo de Adán Peñaloza destaca por varias razones como la elevación en la que se edificó la casa, estratégicamente a metro y medio del suelo, para evitar inundaciones por el conocido “mar de fondo” que generalmente afecta esta área de la costa de Puerto Escondido.

El espacio incluye también un sistema de muros de hormigón paralelos que encierra los dos brazos que albergan tres pabellones con las habitaciones privadas de la casa. Cada suite tiene su propia vista enmarcada, del horizonte del Pacífico. Los pabellones están conectados por una serie de patios abiertos entrelazados que crean las vistas principales y los puntos de entrada de las habitaciones, además de lograr una ventilación cruzada para que las temperaturas en el interior puedan reducirse.

Todas las habitaciones y el volumen central principal comparten la vista y el acceso, justo en el centro, a una piscina diseñada como un conjunto de planos alternados, que contiene áreas recreativas sombreadas que miran hacia el océano.

En su totalidad, la casa fue diseñada para trabajar con su contexto natural, utilizando hojas de palmera secas de origen local en paredes y techos, madera de Parota para la carpintería y el paisajismo de Ambiente Arquitectos Asociados, creado con vegetación de la región.

El uso de materiales orgánicos como la madera, el Chukum, ladrillos y concreto en los revestimientos exteriores, se debe a que se utilizaron técnicas de artesanía regional; y resulta interesante observar cómo se repiten en el diseño de interiores, y en el arte local que se exhibe a lo largo de la residencia.

Por Norma Rodríguez.

Líderes de diseño: Arquitectos Alfonso Jimenez y Bárbara Trujillo para Estudio Anonimous.

Constructor: Juan Carlos Steffanoni Construcción.

Fotografías de Rafael Gamo.

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