Esta residencia rescata los valores de la arquitectura moderna de mediados de siglo XX a través de la materialidad, y la exaltación del orden y de los elementos estructurales en perfecta conexión con el entorno.

La renovación de una residencia de casi 500 metros cuadrados originalmente diseñada por el arquitecto Augusto H. Álvarez en los años 50 fue un verdadero reto para el despacho HEMAA Arquitectura.

En primer lugar por tratarse de una obra creada de inicio por uno de los arquitectos más reconocidos del Movimiento Moderno en nuestro país y uno de los pioneros de las edificaciones inteligentes con sendos desarrollos tecnológicos y el uso de materiales industriales. Y en segundo lugar porque la edificación ya había sido intervenida en diversas ocasiones a lo largo de los años, provocando algunas alteraciones al diseño original que debían ser revocadas para devolverle su valor estético, conceptual e histórico.


Para lograrlo, el equipo multidisciplinario del despacho HEMAA se dedicó a realizar una investigación profunda de los planos originales. A partir de ellos, generaron la propuesta dentro de una retícula que plantea la distribución de la casa alrededor de 4 ejes estructurales cada 4 metros mismos que se aprecian claramente al ver la edificación de frente. Se observa una volumetría limpia con grandes ventanales de cristal que dan hacia el jardín y una fachada que se vislumbra desde la calle dando seguridad y privacidad a la residencia. Aún siendo una casa abierta por completo a exterior, tiene un halo de intimidad con el paso del las horas. Sin duda, se trata de un espacio funcional y estético consistente y equilibrado que se integra de manera orgánica con el exterior rodeado de jardines.


Es impresionante lo actual del diseño a pesar de que han pasado más de cincuenta años de su construcción, al igual que la distribución de los espacios que resulta por demás funcional y estructurada. La orientación, por su parte, permite áreas bien iluminados de manera natural durante el día, atmósferas cálidas por el atardecer y noches misteriosas entre penumbras. Se buscaba resaltar también el concepto de arquitectura monolítica de la estructura inicial presentada como un solo bloque, y para ello se recubrió el exterior con estuco en color gris oscuro lo cual le da gran sobriedad y un aspecto industrial.


En el diseño de interiores se buscó crear un contraste entre la solidez del estuco gris, la herrería y la piedra del exterior, usando materiales y acabados cálidos y naturales como la madera de roble, muros blancos y una iluminación indirecta que genera un ambiente relajado, fresco y confortable.  Las columnas redondas en medio del área común principal, además de ser un elemento estructural, son un gesto de carácter estético muy aplicado en el funcionalismo de los años cincuenta, y sirven para dividir la sala del comedor.

Estos espacios se nutren del colorido y la frescura de la vegetación que se cuela por los ventanales, otorgándoles un aire fresco y acogedor. Haciendo un recorrido por los interiores, desde el vestíbulo se aprecian espacios libres, abiertos, orgánicos y al mismo tiempo entrañables. El acceso a la casa es por medio de un vestíbulo en penumbra, que crea un efecto escultórico de claro obscuro a través de aberturas con líneas verticales sobre la puerta de entrada. Al cruzarlo, se encuentra la sala y el comedor que se conectan con la cocina y una moderna biblioteca. La cocina es como un laboratorio prístino e impecable y en ella predominan materiales impolutos como el acero inoxidable y el mármol.

En el segundo nivel se ubican cuatro dormitorios y un family room con el mismo concepto limpio y neutral que adquiere calidez con el uso de la madera natural y algunos complementos más íntimos. En la tercera planta se ubica una terraza que funciona como área de descanso y reuniones entre amigos y familia, también están los espacios dedicados al bienestar, al ejercicio y a la relajación.
Se nota una selección muy curada de mobiliario, accesorios y piezas de iluminación, pensada en resaltar las características principales del movimiento modernista de mediados del Siglo XX, sin excesos, en materiales pétreos, en tonos neutrales como el gris y el blanco, con maderas en tonos claros y unos cuantos toques de color como el que ofrece la mesa de mármol oscuro acompañada de dos luminarios suspendidos Louis Poulsen que revisten, unifican y dotan de identidad el comedor; o el mármol verde con el que se revistió el baño de visitas  y que destaca por un dramatismo, que no resulta ajeno al resto del interiorismo.

Proyecto: Cristina Alessi, Ricard Lostao, Carlos Núñez, Alejandra Tornel, José Miguel Fainsod y Santiago Hernández Matos para HEMAA Arquitectura.

Fotografías Rafael Gamo proporcionadas por HEMAA Arquitectura.

Por Norma Rodríguez

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