En Monte Uzulu, una nueva propuesta de alojamiento en la exuberante costa de Oaxaca, el balance y el respeto por el medio ambiente se conjugan bajo una visión de sustentabilidad que revoluciona el significado del lujo consciente.

Enclavado entre la exuberante vegetación tropical acariciada por la refrescante brisa del Pacífico oaxaqueño y las montañas de la Sierra Madre del Sur, Monte Uzulu se asoma entre la sombra de huizaches y tachicones, en la pequeña población pesquera de San Agustinillo, a tan solo una hora del aeropuerto de Huatulco.

Este nuevo hotel boutique emerge abrazado por la flora de esta comunidad que preserva el equilibrio que sus pobladores originarios han honrado desde tiempos remotos, reconociendo su eterno vínculo con las bondades de la tierra. El nombre de Monte Uzulu –proveniente del vocablo zapoteca “gusulú” que significa “el comienzo”– evoca el origen de la vida y la primera conexión entre el ser humano y la naturaleza. Su concepto enaltece la experiencia de ser conscientes, contemplando y entendiendo la belleza de un entorno en armonía.

Con esto en mente, la conceptualización y desarrollo del proyecto estuvo a cargo de Alan Favero (de Taller LU ´UM), Mariana Ruiz (de Atte) y Tiago Pinto de Carvalho, en colaboración con diferentes profesionales y grupos de artesanos, para cristalizar una experiencia de confort sustentable y de bajo impacto ambiental que enaltece la experiencia de ser conscientes, contemplando y entendiendo la belleza de un entorno en armonía. Los detalles conforman un homenaje a los oficios manuales de México, entre los que se encuentran las lámparas de paja y la cestería de Michoacán, el mobiliario en madera tallado por ebanistas oaxaqueños, los textiles de algodón de Teotitlán del Valle y los acabados de cal y barro en los muros. Entre sus amenidades, sobresale la gama de cuidado personal, elaborada especialmente para el hotel, con fórmulas biodegradables a base de aceites esenciales que brindan bienestar al cuerpo y son amables con el entorno.

Adaptándose a las condiciones del terreno, la distribución de los espacios respeta armónicamente los matices terracotas de las laderas, la vegetación y otros elementos existentes. Inspirados en la idea de concebir espacios que transmitan paz y tranquilidad, el interiorismo invita a restablecer una conexión con lo elemental. Las once suites, de estética minimalista y bohemia, revaloran los materiales naturales y las técnicas artesanales. El diseño aprovecha la orientación frente al mar para regalar panorámicas oníricas, que se disfrutan en sus terrazas bañadas por el sol y un benevolente clima, presente todo el año.

El respeto por la vida silvestre es un compromiso contundente y tangible. La utilización de materiales endémicos en la edificación, así como la disposición de avanzados sistemas de captación pluvial y tratamiento de aguas, garantizan la completa sustentabilidad de los ser vicios.

La experiencia de alojamiento se complementa con la propuesta del restaurante Temporada, que resalta la frescura de ingredientes estacionales de origen orgánico, provenientes de productores locales. Su menú observa los ciclos de cosecha para ofrecer los mejores sabores que la tierra convida en el momento. Además, para favorecer la máxima relajación y los placeres hedonistas, disponen de sesiones privadas de meditación, yoga, servicios de masajes y temazcal y lecciones de surf. Además, los visitantes pueden adentrarse en la comunidad mediante actividades complementarias que les permitirán conocer las fincas cafetaleras, realizar caminatas por la sierra o descubrir la laguna bioluminiscente de Manialtepec. /

Arquitectura interior Alan Favero + Mariana Ruiz + Tiago Pinto de Carvalho

Por Alfredo Marchant

Fotos Elke Frotscher + Alan Favero para Monte Uzulu

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