El artista poblano radicado en Miami se reinventa con una nueva obra lúdica.

Un hombre camina por la calle cuando descubre que arriba, en el balcón de un edificio, está cantando Pavarotti en bata de baño.  Dos luchadores de sumo se riñen en una acalorada partida de ajedrez.  Un niño despierta en la mañana para darse cuenta de que su cama es una moneda gigante.  Un tenista juega una partida sobre un enorme estampado de tela.

Estos son algunos de los temas de la obra más reciente del Carlos Oviedo (Puebla, 1970) que representa un salto sorpresivo y una reinvención extrema del artista.  Quienes conocen su obra y han podido seguir la trayectoria del pintor, estarán familiarizados con la manera de retratar al cuerpo humano que durante años caracterizó a la obra de Oviedo. 

Su pintura clásica abordaba, por sobre todas las cosas, el cuerpo femenino.  A veces delante de paisajes a veces delante de deliciosas telas.  En realidad, toda la primera obra de Oviedo representaba un enorme tributo al cuerpo de la mujer.

En su nueva obra, sin embargo, encontramos una frescura temática importante y un novedoso sentido del humor (tan ausente en la estética del mundo contemporáneo).  Oviedo se ha revelado como un gran retratista y su nueva y minuciosa factura ha dejado ver que el maestro poblano tiene muchas más habilidades pictóricas de las que había demostrado hasta este nuevo cuerpo de obra.  No queriendo dejar su vena clásica ausente, Oviedo ha trabajado también en algunas piezas que abordan el cuerpo femenino, pero con una lente nueva.

En este caso, se ha centrado en algunas partes de la anatomía a manera de close-up, y ha puesto de relieve una nueva serie de texturas pictóricas que contrastan de manera significativa.

Como era de esperarse, su obra ha tenido una excelente acogida en los Estados Unidos, pero sorpresivamente ha atraído a una nueva generación de coleccionistas en nuestro país.  Si su obra anterior rendía tributo a la estética y a los temas de la pintura tradicional, su nueva obra parte de una mirada más original, en donde las coincidencias y los accidentes se combinan de manera azarosa y lúdica para presentarnos una nueva manera de ver la vida.

¿Quién sabe que sorpresas nos pueden acontecer?  ¿Quién nos dice en donde vamos a despertar mañana? ¿Qué mantiene el balance en nuestras vidas? y ¿Qué mantiene nuestro sentido de novedad? En la nueva obra de Oviedo todo es posible, y somos nosotros los invitados a soñar.

Por Octavio Aguilar G.

Arte Carlos Oviedo

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