Ensayo sobre Rancho 74, Obra maestra de la arquitectura mexicana contemporánea de nuestro país.

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Concepto: Clan Creativo – Arquitectura: Guillermo De La Cajiga – Por: Corina Armella -Fotografía: Héctor Velasco Facio.

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Por: Gerardo Ruiz Díaz.

Sin duda la arquitectura es apasionante y cada vez que intento entender más sobre ella me sorprende y me da una nueva lección.

Inicié la carrera de arquitectura hace 40 años y formé mi despacho hace 38, lo que me ha permitido proyectar y construir más de 300 obras (en su mayoría casas habitación). Datos suficientes que considero me permiten analizar y cuestionar muchos aspectos sobre los proyectos arquitectónicos, sus incidencias externas e internas, el resultado estético, el práctico y desde luego su función, que finalmente, tiene el verdadero peso específico del encargo.

Con el paso de los años he comprendido que no basta con solicitar el proyecto a un profesional y que éste desarrolle el trabajo, no necesariamente cubre las expectativas del cliente y tampoco garantiza el buen resultado. ¿Por qué? Hay muchos argumentos para que el proyecto no tenga éxito y muy pocos para que sí. En este caso solo deseo enfocarme en este buen ejemplo de éxito rotundo: Rancho 74, el hogar de una familia alternativa, en Valle de Bravo.

Hace unos meses un muy buen amigo, fotógrafo, editor, apasionado del arte y la conversación, Héctor Velasco Facio, quien me invito a conocer este rancho y me advirtió, iremos a una obra extraordinaria e insólitamente interesante… no te la puedes perder. Con este argumento y sabiendo bien quien es Héctor en el medio y sumando al llamado a Corina Armella, buena amiga y estupenda escritora, con quien realizamos la edición de un libro con mucho éxito hace algunos años, no dudé un segundo en aceptar la reunión. Algo único se estaba cocinando ….

Y así fue como tomamos carretera hacia Valle de Bravo y entre caminos y charlas subimos por la montaña y lo profundo del bosque.

Rancho 74.

Cruzamos el portón de acceso a la propiedad y nos estacionamos en una explanada de piedra en donde nos recibió la familia con gran amabilidad y nos invitaron a pasar a la casa principal. Era imposible avanzar sin dejar de sorprenderme por el espectacular mural de 90 centímetros de altura por 17 metros de largo que realizó el extraordinario artista contemporáneo Ricardo Ángeles, hijo de los grandes maestros oaxaqueños Jacobo y María Ángeles. De ahí en adelante experimenté la visita a un museo interactivo que en cada rincón y cada cinco pasos brotaba una historia. Después de haber estado escasas seis horas en la propiedad es difícil de describir los múltiples detalles, pero trataré de explicar lo que para mí fue trascendental en la visita.

La autentica casa mexicana

Rancho 74 en mi opinión es la quintaescencia de la casa mexicana solicitada por un cliente y proyectada por un arquitecto, ambos mexicanos con profundo conocimiento de nuestra cultura, costumbres y tradiciones. Esta fue mi reflexión cuando salí del espacio, cada día lo maduro más y refuerzo mi apreciación.

Los autores de esta morada me platicaron brevemente el encuentro con su arquitecto, después de no hacer “clic” con otros anteriormente, se enlazaron con alguien más que resonaba con lo que ellos buscaban para unir su proyecto, Willi de la Cajiga (qepd), arquitecto con estudios en la Ciudad de México y que en ese entonces radicaba en Oaxaca. Se reunieron allá, se “entendieron”, conectaron visiones, corazones y con el tiempo desarrollaron una profunda amistad. Aquí la clave perfecta para emprender un viaje de estos fue el entendimiento honesto por ambas partes. No sé francamente si el cliente pidió a Willi una “casa mexicana”, no lo creo, esto simplemente fluyó. Los diálogos con la familia, una proyección honesta y consciente, gustos compartidos, vínculos fuertes con el arte y la cultura de nuestro país, respeto a la naturaleza, a la tierra, a los seres que la habitan y seguramente, ¡muchas reuniones con buen mezcal! Todos estos son los ingredientes que declaran la manifestación de este excepcional hogar.

No tuve la suerte de conocer a Willi de la Cajiga, pero me quito el sombrero ante el arquitecto que fue capaz de leer, entender, atender y sobre todo caminar “del brazo del clan” para llevar a cabo esta creación genial. Se tiene que tener mucha paciencia, conocimiento, sensibilidad de nuestra cultura para llegar a donde juntos llegaron. Hermanar artistas y artesanos que con gran destreza intervinieron en la elaboración de pisos, muros, techos, puertas, ventanas, lámparas, lavabos, muebles… Fue manejado con gusto y proporción.

El rancho en general como toda la flora que rodea este bosque es espectacular, tupida de grandes árboles en su mayoría encinos, fresnos, pinos y oyameles, el predio mide aproximadamente una hectárea y tiene un gran desnivel con vocación fiable hacia el poniente.

El predio no tiene servicios municipales como agua potable, luz, drenaje, gas, entre otros. Han realizado una labor admirable para lograr los suministros, captación de agua de lluvia construyendo una impresionante planta de tratamiento biológico, regenerando todos sus desechos, produciendo el 100% de electricidad solar, coexistiendo con estos servicios con orden y prudencia. ¡Admirable!

Hago una pausa y me pregunto… ¿Quién enseñó a quién? ¿Quién marcó la pauta?… Sin unas personas tan intuitivas, Willi hubiera podido manifestar esta inimitable obra solo? Sin duda, esta manifestación es el resultado que todo arquitecto quiere tener en su trayectoria, desarrollarse con personas que tengan un nivel cultural a la altura del trabajo que solicitan, y no porque el arquitecto no pueda resolver una problemática intelectual de una casa habitación, es porque en este hecho estamos frente al resultado de una obra maestra de la arquitectura mexicana contemporánea de nuestro país.

Siempre he externado que por más fotografía o buena exposición que hagamos sobre un lugar, jamás podremos describir con determinación lo que ahí vemos y sentimos. Por un momento quiero dejar atrás el aspecto físico que es sumamente interesante y enfocarme unos pasos adelante en el aspecto “de sentir“: este rancho es un templo para quienes lo concibieron, planearon y viven, porque se convirtió -estoy seguro- en un apéndice de su ser, en parte de su vida, porque logró brincar la línea que separa a las obras vulgares de la arquitectura auténtica, y se unió como un integrante más del sistema íntimo familiar.

Ojalá algún día clientes y arquitectos estemos a la altura y eufonía con lo solicitado y proyectado, hermanados más allá del ego… No será sencillo.

Mi eterna gratitud a Héctor Velasco Facio por invitarme y a los concienzudos creadores de este lugar por compartirme su paraíso.

Que injusta parece la profesión a veces, un cliente puede escoger entre varios arquitectos y los arquitectos no podemos escoger a nuestros clientes. Que maravillas haríamos….

Artistas y firmas integrados en la obra:

Ricardo Ángeles, Jacobo y María Ángeles, Dr. Lakra, Francisco Toledo, David Ellis, André Saraiva, Dr. Atl, Florence Knoll, Philippe Starck, Ingo Maurer, Jan Hendrix, Luis Zárate, Clayton Brothers, Gordon Ross, Alvar Aalto, José Luis Sánchez Rull, Ryan Brown, Charles and Ray Eames, Pedro Ramírez Vázquez, Edgar Saner, Eero Saarinen, Harry Bertoia, Isamu Noguchi, Guillermo de la Cajiga, Curiot, Irving Herrera, Robert Davis + Vincent Dermody,  USM furniture, Marcel Breuer, George Nelson, José Cruz, Olegario Hernández, Roberto Cortázar, Pedro Martínez Carlomagno, Pryce Lee, Mauricio Cervantes, Davis furniture, Romon Kimin Yang (Rostarr), Brühl furniture, Javier Marín, Bartus Bartolomes, José Guadalupe Posada, Abel Quezada, Pia Camil, Regina Guerrero, Matt Jones, Swoon, Diego Rivera, Pedro Friedeberg, James Brown, Leyla Cárdenas, Bué The Warrior, Musa y Greg Lamarche.

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