La escena del diseño mexicano ha fomentado recientemente un fuerte lenguaje artístico que se enfoca en la continuación de la tradición a través de la defensa de materia- les locales y técnicas artesanales. Dentro de este espacio, el patrimonio, la identidad y la autenticidad se entienden junto con una esté- tica contemporánea, algunas formas clásicas reconocibles y otras nuevas.

Si ponemos atención a la larga tradición artesanal de México, observamos que en ella se desarrollan diálogos que la contraponen con las nuevas tecnologías, como el renderi- zado en 3D o la creación de guías CNC. Esto permite utilizar procesos creativos innovado- res para elaborar piezas reinterpretadas pero visualmente reconocibles. Es dentro de este diálogo que los diseñadores pueden explorar sus medios y expresar su propia individuali- dad, al mismo tiempo que construyen formas alternativas de comprender su herencia y la escena más amplia del diseño.

Con un enfoque en los materiales y en la manera en que estos pueden transformarse, el estudio de diseño mexicano Piedrafuego crea piezas que trabajan entre los reinos de lo clásico y lo contemporáneo. Formado por primera vez en 2013 como Álvareztostado, se convirtió en Piedrafuego en 2016, cambiando su nombre para reflejar la transformación de materiales por parte del artista. Mediante el uso de patrones culturalmente significati- vos y formas reconocibles, el estudio crea un lenguaje visual que hace referencia tanto al patrimonio del país como a su multitud de identidades en constante cambio. Guiado por una visión contemporánea de la artesanía, Piedrafuego es capaz de investigar las posibi- lidades y la fluidez del patrimonio, aportando un sentido de individualidad innovador pero arraigado a cada pieza.

“A menudo buscamos una relación entre la artesanía manual y las nuevas tecnologías, porque el encuentro de ambas evidencia sus virtudes individuales”, explica Aldo Álvarez-Tos- tado. Un buen ejemplo de este contraste son los contenedores San Lucas —una de sus primeras creaciones—: las bases se tallan manualmen- te por el maestro Ignacio García en San Lucas Evangelista, un pequeño pueblo al sur de Gua- dalajara, mientras que las tapas de madera están completamente cortadas con CNC en un taller en Zapopan utilizando maderas duras del sures- te mexicano. “La precisión de las tapas redondas funciona como una herramienta de control de calidad, y cuando se hace, asegura que preste- mos atención a la belleza de los materiales y la calidad artesanal del recipiente tallado, preciso pero imperfecto: humano”, agrega.

Este diálogo entre la mano del hombre y la tecnología es una constante en la última colec- ción: técnicas tradicionales como el labrado del basalto, cantera, mármol, madera tornea- da, alfarería, cerámica y el bordado en crin de caballo trabajado en talleres artesanalaes de siete municipios de Jalisco y Nayarit, sumado a la sostenibilidad integral y las plataformas de difusión y comercio electrónico que potencian su inclusión en el mercado actual.

Aldo es un personalidad bastante activa dentro del campo del diseño local. Originario de San Pancho, Bahía de Banderas (Nayarit), divide sus labores entre la docencia de la arqui- tectura, el desarrollo de las artes visuales ,y el diseño industrial, a através de Piedrafuego. “Si pudiera sintetizar la identidad del diseño mexicano contemporáneo, diría que somos una comunidad que está abrazando la complejidad cultural del país, aunque ha sido inconstante en desempeñar un rol responsable ante los retos sociales y la desigualdad económica que nos rodea. Nuestro acierto ha sido mostrar al mundo la diversidad de técnicas y materiales que coexisten en México, además de la adap- tabilidad del gremio a nuevas tecnologías y mercados”, sostiene Aldo. El resultado es una tradición de innovación en materiales puros y líneas francas que pone en valor lo mejor de ambos mundos.

“Como diseñadores, nuestro aporte es llevar los procesos productivos y la comercialización a nuevos límites, que mantengan a la artesanía mexicana como una tradición viva y adaptable”. Aldo Álvarez-Tostado, de Piedrafuego.

Fotos cortesía Piedrafuego

Por Alfredo Marchant

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