Con cubos que forman figuras, La Merced es una colección de muebles de almacenaje desarrollada por Christian Vivanco para Tallero inspirada en un público joven que busca calidad, buen precio y diseño.

Christian Vivanco trabaja con empresas jóvenes mexicanas y comunidades artesanales locales llevando a otro nivel el diseño local.

Tallero es una marca pequeña, muy joven que se dedica a la comercialización de mobiliario de almacenaje que invitó a Christian Vivanco a desarrollar una colección que resolviera las necesidades de guardado de las nuevas generaciones con piezas accesibles, auténticas y duraderas. Así nació La Merced, cuyo nombre nos remite a uno de los mercados más tradicionales de la CDMX.

 “Siempre trabajamos con una visión centrada en un mercado joven con ciertas particularidades como que no tiene casa propia, se muda con regularidad, vive en ciudades grandes con mucho dinamismo y cambios. Características que tienen una impacto directo en el mobiliario que deciden comprar. De ahí que los bloques que conforman los muebles tengan virtudes prácticas pero no luzcan con un diseño caricaturesco o juvenil, sino maduro y resistente”, señala Christian Vivanco.

“Me gusta crear piezas especiales con un valor de diseño muy fuerte y auténtico con acentos de carácter que elevan tu experiencia en un espacio”, Christian Vivanco.

La colección completa que incluye credenzas, consolas, burós, gabinetes y escritorios, entre otros elementos; se desarrolló tomando como base una estructura de metal que protege las partes mas nobles de los muebles fabricados con bloques de un conglomerado de madera con chapa de roble natural o nogal.

Otra característica importante de La Merced es la modularidad con la que fue diseñada ya que todas las piezas parten de la misma retícula, es decir, si un buró o la pieza más pequeña se repite hacia los lados o hacia arriba se puede convertir en gabinete, cantina, consola o librero.

“Ese modularidad ayuda no solo a un nivel de producción y reducción de costos para que el mobiliario sea más accesible para el consumidor, sino que funciona para que el cliente tenga más opciones de acuerdo con sus necesidades. Puede comprar de inicio una consola de uno o dos cubos e irla complementando con más bloques, e incluso la estructura metálica le da la opción de hacerlo más grande o modificarlo. Es personalizable pero en un sentido más sutil y al mismo tiempo es una estrategia de venta pues el cliente no hace una compra única sino que crea una relación a largo plazo con la marca”, asegura Chistian.

El uso de los colores es también un punto a favor, pues va de una paleta básica a tonalidades más profundas en azul, verde y amarillo, y agrega colores de más baja intensidad como blanco, negro y café. Por su parte, las estructuras metálicas vienen en un blanco crema satinado o en negro mate, que le permiten al cliente desarrollar versiones costumizadas de la colección. Se puede lograr una consola mucho más larga o una cantina de tres niveles, colocar puertas para más privacidad o dejar expuestas las repisas o los cubos vacíos, y así armar muebles a medida.

Por Norma Rodríguez

Fotos José Margaleff

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