En el centro de Valle de Bravo se encuentra un complejo nacido a partir de una casa de fin de semana de más de treinta años, remodelada y adaptada a las nuevas tendencias.

“El mostrar la belleza de los materiales al natural es lo que hace que nuestros proyectos sean honestos”, Arq. Sergio Portillo Alarcón.

Valle de Bravo, en el Estado de México, es el lugar ideal para residencias de descanso por su clima y hermosos paisajes, además de que se ubica muy cerca de ciudad de México. Y justo ahí, se encuentra este proyecto que surgió de la necesidad, por parte del cliente, de transformar una casa de fin de semana de más de 30 años a un complejo de dos casas con áreas comunes compartidas para que sus dos hijos, ahora ya casados y con familia propia, puedan disfrutar del espacio de 1,000 metros cuadrados, como cuando eran niños.

“Este proyecto es una especie de club familiar en el cual aprovechamos el enorme jardín y la terraza de la casa original, para construir una segunda residencia que cubre las nuevas necesidades de la familia extendida. A mis clientes ya antes les habían hecho una propuesta de una casa muy moderna, como muchas de las que hay ahora en Valle. Pero nosotros les ofrecimos un concepto arquitectónico que no rompiera con lo ya existente y que tuviera el mismo lenguaje que encajaba perfectamente en el entorno vallesano con madera, techos de teja, muros de piedra, terrazas, balcones, un mobiliario acogedor y un paisajismo espectacular.

De tal modo que se hizo una remodelación a su casa y construimos la otra en la misma línea”, explica el arquitecto Sergio Portillo Alarcón quien dirigió el proyecto bajo el principio de respetar el proyecto original, los deseos de su cliente y de estudiar el contexto, el entorno y las afectaciones al espacio.

Fue así que se diseñó una nueva casa con elementos contemporáneos y el uso de materiales y elementos arquitectónicos de la región, tales como un basamento de concreto y acabados en estuco color crema que se adapta al contexto. Se colocaron techos de teja inclinados, muros de piedra y se dejaron espacios abiertos y amplios para disfrutar los fines de semana en familia.

“La parte más importante de nuestra propuesta era mantener la esencia de la casa original y no perder la terraza pues era un lugar que les traía muchos recuerdos, por lo que trabajamos mucho en temas de diseño para transportar el mismo estilo a la casa nueva y crear un espacio abierto con una pileta de agua, una pérgola y mucha vegetación para que se convirtiera en el centro de convivencia de ambas edificaciones. Incluso reciclamos una gualdras de madera que ya habían sido desmanteladas para preservar su valor estimativo e historia. Hoy, son un elemento vital pues hacen que cambie la atmósfera de la terraza dependiendo la hora del día”.

En la casa original se realizó una intervención fuerte que inició con refuerzos estructurales, elementos de carga y acabados, se cambiaron las viejas instalaciones por nuevas, se aplanaron muros para darle el mismo toque contemporáneo que la segunda residencia, todos los baños y la cocina se renovaron y se agregó una cochera. Pero todo mostrando la pureza de los materiales para encajar al cien por ciento con lo elemental y hermoso del entorno.

Hoy, a un año de que la familia disfrute de su club particular, agradecen que se haya conservado el estilo de la casa que los vio crecer, destacando la belleza de su arquitectura y diseño atemporal.

“Esta casa tiene un gran valor para nosotros pues nos basamos en el respeto al contexto de la primera casa, lo reinterpretamos y trajimos a la nueva casa”, Arq. Sergio Portillo Alarcón.
“Diseñar una casa es un gusto, un privilegio y una gran responsabilidad. Aunque el valor y la vida comienza a generarse justo después de que el arquitecto le entrega su proyecto al cliente”, Arq. Sergio Portillo Alarcón.

Por Norma Rodríguez Olivares.

Fotografías Rafael Gamo proporcionadas por ASP Arquitectura.

Proyecto: Arquitecto Sergio Portillo, ASP Arquitectura.

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