Una ciudad colmada de encanto, de historia y futuro que posee plenitud cultural como ninguna otra. Una de las primeras ciudades fundadas en Canadá, es hoy uno de los destinos más apasionantes.

Una ciudad cosmopolita aún con un toque europeo y una actitud vanguardista, Montreal presume individualidad entre sus calles adoquinadas que esconden una identidad única. Al ser la cuarta ciudad de habla francesa más grande después de París, su historia ha hecho de sus costumbres algo parecido a la europea, la cual ha evolucionado desde que cambió de ser una colonia francesa a británica en 1763 y no ha dejado su metamorfosis hasta la fecha. La ciudad ha desarrollado su mística en cuanto a las artes que forman gran parte de su cultura. Los festivales de música y de gastronomía mantienen su importante lugar dentro los atractivos de Montreal y, por otro lado, las bellas artes locales se han colocado en la escena mundial como un importante referente. Entre una gran variedad de estilos, la geometría que se aprecia entre sus calles y desde cada rincón comprende una mezcla de lo clásico y lo moderno que, en conjunto, crea una ciudad visualmente plena y única.

En los años cincuenta, la ciudad comenzó su mayor desarroll; inició la construcción de grandes edificios, el metro y la red subterránea de la ciudad llamada RÉSO, la cual es el complejo subterráneo más grande en el mundo, al cubrir alrededor de 30 kilómetros de túneles bajo la tierra que conectan edificios, complejos residenciales, centros comerciales, universidades, hoteles y residencias de lujo. Es en ese vibrante momento de crecimiento que se puede pensar en un antes y después socialmente hablando para los habitantes de Montreal, pues la ciudad se abre al mundo y recibió una gran cantidad de migrantes que comenzaron a apropiarse de la cultura local y la potenciaron para lograr una ciudad con energía y autenticidad.

En el caso de la arquitectura, el arte y el diseño de Montreal, fue la exposición Universal o Expo67 con la temática de “El hombre y su mundo”, la que marcó el pináculo de las celebraciones por el centenario de Canadá, volviéndose una de las exposiciones mundiales más exitosas del siglo XX, que aparte, le dio a Montreal la oportunidad de mostrarse como una ciudad internacional. La sorpresa está en encontrar coherencia entre una arquitectura clásica, otra con la cual se identifica la ciudad desde hace más de 50 años hasta las nuevas construcciones de diseño vanguardista. De esta magnífica exposición, se creó el proyecto Hábitat 67, del arquitecto Moshe Safdie. Esta pieza arquitectónica representa más que solamente un diseño sublime, pues el nivel de detalle que conforma cada uno de los departamentos resulta muy por delante de su tiempo. Cada remate visual que se forma desde los distintos niveles y puntos del edificio son únicos, los detalles dentro de las viviendas muestran un entendimiento real de vivir en un lugar en el cual las estaciones del año muestran cambios muy radicales. El minimalismo en la solución del interior y la complejidad en la solución estructural es inaudito. Actualmente, Hábitat 67 es un importante referente arquitectónico.

En el viejo Montreal, se siente a menudo una sensación de estar en el siglo pasado. Resulta casi imposible dejar de imaginar su pasado y al mismo tiempo la invitación por experimentar el presente es increíblemente cautivante. Entre sus calles hay un sinfín de cafés y restaurantes, tiendas de diseño que roban el aliento desde su arquitectura, la experiencia y su contenido; como la boutique Ssense, diseñada por David Chipperfield. Es un espectáculo ver la iluminación arquitectónica de la catedral, e imperdible visitar las galerías de arte contemporáneo, pues sus curadores entienden el arte actual y sus necesidades, por lo que promueven verdaderos talentos locales y globales. Los museos los cuales no solo están en el viejo Montreal, en un lugar o un distrito, sino que se encuentran por toda la ciudad con gran notoriedad. El Museo de Bellas Artes de Montreal (Musée des Beaux-Arts), alberga más de 41,000 obras, de distintas épocas; desde piezas clásicas hasta contemporáneas. Todas las expresiones artísticas y técnicas están presentes en las galerías de este maravilloso, el cual fue creado por un grupo de coleccionistas de arte locales y mecenas en 1860. Arquitectónicamente, el museo es la pieza de arte más célebre de la ciudad. Montreal resulta ser una ciudad completa, bien planeada y organizada, que invita a descubrir y vivir sus rincones, a fotografiar una ciudad joven, pero con historia, la cual muestra de manera contundente que se puede vivir bien dentro de una cuidad de casi 2 millones de habitantes.

Por Yarin Miranda Robles
Fotos César Béjar

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