El artista mexicano radicado en Madrid crea una serie de retratos íntimos a través de la arquitectura.

Hay dos maneras de conocer a una persona. La primera consiste en la actividad obvia de estar delante de ella, hacerle toda clase de preguntas y comenzar a escuchar. Esta es la vía del periodista o, quizás, del entrevistador. La segunda, menos directa pero posiblemente igual de incisiva, consiste en adentrarnos en su hogar, conocer los espacios que habita, sentir la atmósfera, reconocer sus objetos, mirar sus libros… Esta segunda vía, simbólica, poética y menos evidente, es la que el artista mexicano William Gaber ha decidido tomar.

“Lugares sagrados” consiste en un cuerpo de trabajo en diversos medios que pretende retratar a sus sujetos a través de los espacios que habitan. Para realizar esta serie, el artista acudió a las casas de amigos dentro de su círculo más íntimo, así como a un par de lugares en donde él mismo había vivido (y que corresponderían al autorretrato) para capturarlos a través del dibujo. Así, “Lugares sagrados” es en primera instancia una serie de dibujos a lápiz. Pocos pueden observar cómo lo hace Gaber, pero sus dibujos recogen una primera impronta del lugar y lo retratan de manera sintética y lúdica.

Hay cierta ligereza en su ojo y en su mano. Acabados los bocetos, el artista los traspasa a otro medio y crea una serie de bordados en hilo sobre tela que replican la imagen de los hábitats. En esta segunda piel, los retratos se vuelven más íntimos; la tela y el bordado les otorgan una cualidad particular. Por último, Gaber toma los trazos como punto de partida y crea piezas abstractas en óleos sobre tela, en tamaños que van desde una hoja de cuaderno hasta piezas de gran formato. Es aquí donde la serie toma mayor relevancia y alcanza sus mejores notas de expresividad.

Los cuadros no son transcripciones de los dibujos, sino que existen en un universo autónomo. Su lenguaje nos recuerda algo de la estética modernista. En algunas piezas se apega más a la arquitectura y en otras se trata simplemente de abstracciones de color. Curiosamente, varios de los espectadores que vieron esta serie en Europa, en donde se exhibió originalmente, han señalado que el uso exultante del color les recuerda a México. Sin embargo, hay que señalar que en sus mejores piezas William Gaber ha creado obras difíciles de definir o encasillar y que, por tanto, nos obligan a mirar y mirar.

Por Octavio Aguilar

Fotos cortesía William Gaber

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