Inquieto e imparable, Christian Vivanco lo diseña todo, desde una mecedora hasta un juguete para gatos. Hoy está a cargo de BALSA , firma de diseño sustentable que revaloriza la tradición del ratán—un material natural que también ayuda a mantener los bosques en su lugar— y sus artesanos. La colección FAUNA es la última adición a su catálogo.

Perfeccionista e imparable, Christian Vivanco es un diseñador muy activo en la comunidad creativa. Divide su tiempo entrela docencia, el diseño de piezas para supropio estudio y el cuestionarse acerca de su entorno. Recientemente comenzó a liderar la dirección creativade Balsa, una firma de diseño mexicano con énfasis enla sustentabilidad, no solo en lo referente a los recur-sos naturales, sino también a los recursos humanos.Christian está convencido de que el diseño debe serdemocrático, pero al mismo tiempo tiene que contaruna historia, porque solo así se puede generar empatía.

Es partidario de la investigación compartida y losproyectos en equipo y, en los últimos años, ha tenidola oportunidad de crear relaciones de colaboración condiversas comunidades de artesanos. Sabe que es necesario otorgar una mayor dignidad a este trabajo. “Debemos desarrollar una cultura de profesionalización junto a nuestros productores promoviendo salarios justos, capacitación y experiencia, y también involucrarnos entareas que no nos conciernen, a primera vista, pero quese vuelven fundamentales en la práctica”.

Así es como en Balsa confluyen ambas ideas: porun lado, recoger la inspiración de la puesta en valor delas tradiciones mexicanas y quienes las desarrollan,su cultura y la naturaleza exuberante que las rodea. Y,por otro, generar bienestar en la comunidad a travésdel diseño y compartir con el resto del mundo su cos-movisión a través del comercio justo y las plataformasde difusión acordes a los tiempos.Fauna es su último lanzamiento: una colección demáscaras inspiradas en animales mexicanos, utilizandomimbre y ratán natural (un tipo de planta trepadora conun tallo leñoso flexible), que se añaden a la colección Bajío de Balsa.

En una primera etapa han presentadoel Mono Araña, el Ocelote y el Tapir, todos amenazados por la actividad humana en su hábitat. “México posee una riqueza invaluable en su entorno natural, ypor eso queríamos rendir homenaje a una muy breve selección de la fauna más frágil y delicada del país”, enfatiza Christian.

Las máscaras de Fauna fueron diseñadas pensando en los procesos artesanales típicos de Tequisquiapan, en el centro de México, y desarrollando junto alos maestros artesanos nuevas técnicas y procesos de transformación. El proceso de fabricación es extenso y detallado, pues requiere pequeñas piezas que semoldean individualmente, y los artesanos utilizan unaespecie de plantillas de madera maciza que sirven deguía para ayudar en el secado de las máscaras. Una vez que están secas, cada una de ellas se ensambla yluego se alinea completamente con una cáscara deratán natural.

Cuando las máscaras están forradas concaparazón de ratán, los artesanos las queman con fuego p ara eliminar las pequeñas fibras que van surgiendo alo largo del proceso. “Me encanta trabajar con ratán por diferentes razo-nes”, explica. “Desde el campo del diseño, me pareceun material espectacular por toda la personalidad y elcarácter único que lo distingue del resto de los materiales. Tiene una gran trayectoria que va de la manocon la historia del diseño de los dos últimos siglos; espartícipe de grandes clásicos y cómplice de grandes maestros del diseño”.

La artesanía y los materiales latinoamericanos tienen mucho que decirle al mundo. “Me fascina vercómo México y toda América Latina se han convertido en un polo de inspiración para los creativos internacionales, y solo esperamos un futurocercano en el que la definición de diseño incluya elpensamiento de otras culturas más allá de Europaoccidental”, finaliza Christian.

Por Alfredo Marchant

Fotos cortesía Estudio Balsa

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