Una residencia en la que sus creadores reinterpretan conceptos clásicos de arquitectura y proponen su estilo, su lenguaje y una forma original de hacer arquitectura al centro del país.

“La esencia de esta línea nace a raíz de la necesidad de expresar movimiento en la arquitectura a través de la combinación, relación de materiales y volúmenes.” – Arq. Jorge Garibay

De la arquitectura moderna surgió el brutalismo. El estilo arquitectónico cuyo origen surge del término francés béton brut, ‘hormigón crudo’, descripción dada por el arquitecto Le Corbusier quien lo utilizaba para describir su preferencia por el material. Fue más adelante cuando el crítico de arquitectura británico Reyner Banham adaptó el término y lo renombró como ‘brutalismo’. El auge del movimiento fue entre las décadas de 1950 y 1970, pero en 1980 su popularidad decayó por su estética tan imponente y fría. No es hasta décadas después que nos encontramos nuevamente con estructuras sumamente tectónicas, que, aunque pueden no llamarse brutalistas, le hacen homenaje bajo una visión contemporánea.

Durante los últimos años, cada vez más el concreto aparente aparece en el diseño y la arquitectura contemporánea convirtiéndose en uno de los componentes más recurrentes y favoritos por su capacidad moldeable, la cual permite realizar prácticamente cualquier forma con un acabado liso y atemporal. En la ciudad de Querétaro, las residencias vestidas de concreto son cada vez más y se aprecian en grandes formatos.

Esta residencia, proyectada y construida por el estudio Jorge Garibay Arquitectos, es el resultado de la necesidad de expresar movimiento en la arquitectura a través de la combinación y la relación entre la paleta de materiales y los volúmenes, en donde el movimiento y las proporciones toman protagononismo. La elección de materiales es clara y simple: acero y concreto aparente. Ambos importados en la casa con el fin de generar movimiento a través de la armonía de contrarios, ya que la distinta naturaleza de ambos los hace imprescindibles para coexistir.

El clima de Querétaro fungió como una parte importante para el proceso de diseño, ya que las condiciones climáticas oscilan entre muy bajas y altas temperaturas. El clima es generalmente seco a pesar de que en verano las lluvias pueden ser abundantes, por lo que el propósito inicial fue crear un refugio para resguardar a sus usuarios de las adversidades naturales de la zona y que, al mismo tiempo lograra reflejarse en la calidad formal, asertiva y funcional de la estructura.

Distribuida en casi 800 metros cuadrados y en dos volúmenes, la planta baja está destinada a las áreas públicas y semipúblicas con un vestíbulo, una sala con doble altura, comedor, bar, la cocina y un cuarto de juegos junto con las áreas de servicio y la cochera, mientras que en la planta alta se encuentran tres recámaras con una sala de estar.

El flujo y el recorrido arquitectónico pretende que sea una sorpresa desde que se entra a la casa y conforme se recorra el espacio, se descubra cada área hasta llegar al segundo vestíbulo de doble altura a partir de donde todo se desenvuelve y se convierte visual y físicamente muy permeable para los usuarios. Desarrollada en forma de herradura, el área abierta está conformada por una terraza, un jardín al centro que distribuye y da pie a la convivencia.

La simplicidad del programa arquitectónico, como lo describe el despacho, es la traducción a la perfección del lenguaje que se observa en toda la casa. La estructura general de concreto aparente se proclama como uno de los elementos primordiales del diseño junto con el piso de mármol en tonos grises, el cual mantiene la estética sutil y sobria. Hay madera, y mucho concreto, pero lo más importante es que se logró entender muy bien las condiciones del lugar para crear un proyecto integral que funciona perfectamente para una familia joven, que busca espacios funcionales, dentro de una arquitectura que muestra carácter.

Arquitectura de Jorge Garibay Arquitectos

Por Yarin Miranda Robles

Fotos Alejandra Urquiza

Share: