La obra artística de Leonor Hochschild muestra a la materia como un elemento vivo que se expresa con un lenguaje plástico propio e intangible que llega al espíritu de su interlocutor.

Formaciones, obra de gran formato en técnica mixta sobre tela, del año 2018.

Leonor Hochschild es una artista franca y transparente cuya obra nace del alma. Hoy, mientras  se encuentra en plena adaptación a los nuevos modelos de exposición y difusión en el mundo digital, nos habla de su proceso creativo y su trayectoria en el mundo del arte.

“En este momento tengo tres líneas fuertes de trabajo que de entrada parecen inconexas pero que finalmente me llevan a un mismo proceso personal: las transparencias con diferentes tipos de resinas, la escultura y la pintura matérica. Mis obras son gestos, instantes y sensaciones que busco congelar, y las materias dialogan entre ellas y me gusta que el espectador también converse con ellas de acuerdo a su historia personal”.
Tu obra es como un regreso a lo más básico y orgánico…


“Así es, yo proyecto mi proceso interno de la manera más esencial. De las transparencias busco la luz, las sombras que se proyectan y la interacción entre el sujeto y el objeto. La escultura es básicamente atrapar un gesto, un momento sutil. Esas dos técnicas son más emocionales, más dulces. Y en la pintura matérica es en donde se rompe todo, donde hay rudeza y dramatismo. Porque finalmente yo soy todo eso: soy una mujer fuerte pero tierna y cariñosa, aunque no de principio. Hay que llegar al fondo”.


¿Como es tu estudio?


“Está en la colonia San Rafael, en Ciudad de México, en la azotea de un edificio y es perfecto porque es un espacio abierto y de muy buen tamaño para cuando trabajo con materiales tóxicos. Además disfruto de una vista chulísima a una parte del centro, la Torre Latino, Reforma, el Museo del Chopo, las cúpulas del Kiosko Morisco. Es muy lindo”.

¿Te gusta crear en soledad?


“Sí, para mi es muy importante porque yo me fusiono con la obra. Me pierdo en ese mundo de colores y formas, y cuando regreso a la realidad, como media hora o cuarenta minutos después de que, ya que terminé el proceso, haz de cuenta que me dieron un mazazo y me siento cansadísima”.

Erosión, obra mixta sobre tela del año 2017.


¿Y en qué momento llega la chispa de inspiración?


“No tengo problema para eso. ¡Soy como una máquina! Soy muy inquieta con los materiales y me hablan todo el tiempo. Cuando empecé en la abstracción en 2010, vivía en Madrid y tenía un mentor que me impulsaba a trabajar con todo lo que encontraba. Ahí empecé a utilizar todo tipo de materiales e inició mi gusto por los diferentes procesos que me van llevando de uno a otro. Tengo una lista infinita de cosas que quiero hacer y lo que me falta es tiempo”.


Hablas de tu trabajo y parece una ciencia que va más allá de lo estético…
“¡Claro! El arte tiene una parte de Física y Química por lo que debo tomar cursos e investigar los materiales para no explotar cuando hago mis oxidaciones y uso ácidos. Siempre estoy haciendo anotaciones de lo que se me ocurre y luego me pongo a estudiar o busco a un químico para que me explique hasta dónde puedo llegar. Y ese despertar en la ciencia me ha llevado a tener otras inquietudes porque como te digo, nunca me detengo”.
¿Tú vives del arte?


“A veces sí y a veces no, aunque soy artista de tiempo completo. Por ejemplo, 2019 fue buenísimo en proyectos y en ventas; pero este año no he vendido nada. Es un mundo muy rudo y ha sido un camino muy complicado, pero me ha ayudado el ser tan tenaz y que siempre he tenido muy claro cuál es mi objetivo, yo quiero vivir del arte y para el arte”.

Por Norma Rodríguez Olivares.

Fotografías Landybel Pérez y José Luis Juárez.

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